lunes, 13 de enero de 2014

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“No sabemos que hemos ganado”

EL PAÍS

Quizás sea porque en España "ganar" algo sólo se valora si la victoria como la derrota son contantes y sonantes, o gritantes y aplastantes, unilaterales, y "sobre" el otro, no a favor del bien de ambos,  mientras el vencido se queda hecho unos zorros, humillado, que para eso ha perdido y es un flojo y un pringao, que no tiene derecho a decir ni pío. 
Cuando se trata de que venzan el diálogo, los argumentos inteligentes que convencen y hacen cambiar a mejor a ambos bandos en conflicto en favor de la comprensión mutua, sin bufidos, artimañas ni zancadillas, la coherencia argumental y la escucha activa no tienen valor alguno. Son pamplinas y pérdidas de tiempo, sobre todo cuando se trata de parar el declive político del propio partido en un proceso de descomposición inocultable y con el motín a bordo a toda vela y a toda máquina. Con el añadido de una verdadera inmoralidad social e impolítica, como lo es utilizar la prolongación y el mantenimiento de los problemas, en primer lugar, de cara al marketing electoral-demagógico y en segundo término, por chulería congénita y garrula. Por incapacidad para hacer algo mejor. De ese modo aunque se venza nunca se gana nada que valga la pena. No hay una victoria real y duradera cuando una parte sólo quiere machacar a la otra. Eso significa que ambas partes se merecen lo que tienen. Por ineptas, egocéntricas, inmaduras  y miopes sociopolíticas.

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